Este episodio no nació de un dato, ni de un libro.
Nació de un sueño.
Un sueño de ciudad.
Desde mis 15 años vivo en Córdoba. Llegué desde Mendoza con la mirada aún inocente y la necesidad urgente de pertenecer. Córdoba me adoptó. Me moldeó. Me inspiró. Pero durante años me di cuenta de que conocía muy poco sobre su verdadero origen.
Sabía que existía un nombre: Jerónimo Luis de Cabrera. Pero nada más.
Un día decidí buscarlo.
Y cuando encontré una pintura antigua, áspera, desdibujada, sentí que él me hablaba.
Ahí nació todo.
Darle voz a un fundador
Lo primero fue elegir cómo contarlo.
No quería una voz institucional ni un narrador frío.
Quería que él mismo hablara.
Pero no solo eso… quería que hablara con la voz de su época, con un castellano que sonara antiguo, pero accesible. Con ese aroma a evangelio, a lanza y a pluma mojada en tinta. Me inspiré en personajes de Civilization VI y VII, como Isabel la Católica, para construir un habla elevada, respetuosa, casi ceremonial.
Pero le faltaba un motor. Entonces imaginé algo que cambió el curso de todo:
¿Qué pasaría si Jerónimo tenía una visión antes de fundar Córdoba?
Una revelación.
Una escena en la que ve, como en un sueño, el futuro de la ciudad:
- la Iglesia de los Capuchinos
- los trenes a vapor más modernos
- la industria automotríz y aeronáutica
- la Universidad
- el cuarteto
- una bebida negra como la obsidiana
Todo eso fue narrado como si lo estuviera viendo antes de que existiera.
Y al despertar, frente a su escribano, nombra la ciudad.
Pero no la llama simplemente Córdoba.
La llama con nostalgia ajena, en honor a la tierra andaluza que amaba su esposa:
“Córdoba de la Nueva Andalucía”.
La mujer detrás del fundador
Incluir a Luisa Martel de los Ríos y Mendoza fue una decisión clave.
Ella no fue solo la esposa. Fue la inspiración emocional.
Quise que el nombre de la ciudad no viniera del poder ni de la estrategia, sino del amor.
De un gesto íntimo. De un intento de consolar la tristeza de Luisa, heredada de sus padres andaluces.
Porque toda ciudad que perdura, nace del corazón.
Y así, el acta ficticia de fundación terminó siendo un poema:
“Nombradla como nombraría yo la hermosura que mi mujer porta en su ser, para que su nostalgia sea dulcificada con la belleza de este nuevo paraje…”
Juan Pérez Tuit
Herramientas, técnica y alma
Para reconstruir visualmente a Jerónimo y su visión, usé múltiples herramientas de IA:
- Kling para animación cinemática
- Flux y Grok para tratamiento visual de la visión fundacional
- Nano Bananas Pro para ambientes y arte conceptual
- ElevenLabs para su voz arcaica
- Suno para componer una banda sonora que mezclara folktrónica con bombos ancestrales y épica de documental institucional
Cada toma, cada color, cada palabra fue trabajada con obsesión.
No era un video más: era la fundación de la ciudad donde vivo.
El impacto
Cuando publiqué el video, la respuesta fue abrumadora.
Docentes, historiadores, vecinos, artistas. Todos lo compartían.
Córdoba no se había olvidado de Jerónimo… simplemente nunca lo había escuchado hablar así.
Con emoción.
Con grandeza.
Con belleza.
La pieza despertó algo profundo.
Una nueva manera de sentir el origen.
Lo que significó para mí
Este fue uno de los capítulos más personales de Historia Generativa by TUZZI.
Porque Córdoba no es mi lugar de nacimiento, pero sí mi lugar elegido.
Y contar su origen no fue solo un homenaje:
fue un acto de gratitud.
Ahora Jerónimo vive.
Y su Córdoba también.
A continuación, comparto las imágenes generadas y restauradas para la realización del video.



















































